EthiaLab participó en el I Congreso Internacional de Inteligencia Artificial e Interdisciplina de la Universidad Autónoma Chapingo con la presentación del modelo MEP-IAGen, una propuesta ético-pedagógica para orientar la integración de la inteligencia artificial generativa en la docencia.
Los días 24 y 25 de septiembre, la Universidad Autónoma Chapingo fue sede del I Congreso Internacional de Inteligencia Artificial (IA) e Interdisciplina, organizado en colaboración con más de 31 instituciones de educación superior de América Latina.
El encuentro abrió un espacio de diálogo interdisciplinario sobre los usos de la inteligencia artificial en la investigación científica, social y humanística, así como sobre los desafíos pedagógicos y éticos que aparecen cuando estas tecnologías se incorporan al trabajo académico.
A lo largo de 20 mesas de trabajo se presentaron cerca de 80 ponencias y se impartieron cuatro conferencias. Las perspectivas reunidas durante el congreso permitieron examinar cómo la IA está transformando las formas de investigar, enseñar, aprender y producir conocimiento.
Al mismo tiempo, las discusiones hicieron visible una cuestión fundamental: ¿qué decisiones pueden apoyarse en sistemas de inteligencia artificial y cuáles deben permanecer bajo el juicio, la deliberación y la responsabilidad humana?
EthiaLab presenta el modelo MEP-IAGen
En este marco, EthiaLab participó con la ponencia «Del propósito formativo a la decisión tecnológica: el modelo MEP-IAGen para la práctica docente».
La presentación abordó una pregunta central para el futuro de la educación superior:
¿Cómo integrar la inteligencia artificial generativa en la docencia sin debilitar los procesos de reflexión, análisis, creatividad y aprendizaje que la educación busca promover?
El modelo MEP-IAGen parte de una premisa fundamental: la incorporación de inteligencia artificial en el aula no debería comenzar por la herramienta tecnológica, sino por el propósito formativo.
Esto implica cambiar una pregunta cada vez más frecuente —“¿qué herramienta de IA puedo utilizar?”— por otras pedagógicamente más relevantes:
- ¿Qué quiero que aprendan mis estudiantes?
- ¿Qué capacidades humanas deseo fortalecer?
- ¿Qué parte de la actividad puede ser apoyada por una inteligencia artificial?
- ¿Qué procesos no deberían delegarse?
- ¿Qué nivel de supervisión humana requiere la actividad?
- ¿Quién conserva la responsabilidad sobre el resultado?
De la herramienta tecnológica al propósito formativo
A través de las Matrices Ético-Pedagógicas, el modelo invita a las y los docentes a identificar las capacidades humanas que desean desarrollar, determinar qué función concreta puede desempeñar la IA y establecer qué grado de delegación resulta adecuado para cada actividad.
De esta forma, la decisión tecnológica se vincula directamente con las características del contexto educativo y con los aprendizajes que se espera construir.
La propuesta busca superar una visión instrumental de la IA generativa en educación, en la que la innovación se reduce a incorporar nuevas plataformas o aplicaciones al aula.
Este enfoque coincide con la perspectiva humanocéntrica propuesta por la UNESCO en su Guía para la inteligencia artificial generativa en la educación y la investigación, que plantea que la incorporación educativa de estas tecnologías debe considerar no sólo sus capacidades técnicas, sino también su pertinencia pedagógica, sus implicaciones éticas y la protección de la agencia humana.
Desde la perspectiva de EthiaLab, una integración responsable de estas tecnologías requiere preguntarse no solamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino también qué conviene que haga dentro de un proceso educativo.
La diferencia es fundamental.
Una herramienta técnicamente capaz de realizar una tarea no necesariamente debería sustituir el proceso cognitivo que esa actividad busca desarrollar en el estudiante.
Pensamiento crítico y control humano en el uso educativo de la IA
La ponencia destacó también la importancia de mantener el control humano y el pensamiento crítico durante el diseño, la mediación y la evaluación de las actividades apoyadas por inteligencia artificial.
Una respuesta generada por IA puede servir para:
- explorar diferentes perspectivas;
- organizar información;
- generar hipótesis;
- obtener retroalimentación;
- comparar argumentos;
- identificar posibilidades de investigación;
- apoyar determinados procesos creativos.
Sin embargo, los resultados producidos por estos sistemas necesitan ser examinados críticamente.
Los modelos de inteligencia artificial pueden cometer errores, reproducir sesgos, producir información imprecisa u omitir aspectos relevantes del problema analizado.
Por ello, el valor educativo de una herramienta de IA depende en buena medida de las preguntas que orientan su utilización y de la capacidad de docentes y estudiantes para interpretar, contrastar y evaluar críticamente sus resultados.
Esta exigencia de supervisión humana se encuentra también en los Principios de Inteligencia Artificial de la OCDE, que subrayan la importancia de la agencia humana, la transparencia, la explicabilidad y la responsabilidad en el diseño y uso de sistemas de IA.
La alfabetización en inteligencia artificial no consiste únicamente en aprender a utilizar herramientas o elaborar mejores instrucciones. También implica desarrollar criterios para comprender cuándo utilizarlas, para qué utilizarlas y cuándo es preferible no utilizarlas.
¿Cuánto debemos delegar a la inteligencia artificial?
Uno de los problemas centrales abordados por el modelo MEP-IAGen es el de la delegación tecnológica.
La inteligencia artificial permite automatizar o apoyar múltiples tareas vinculadas con la enseñanza y el aprendizaje. Sin embargo, no todas las actividades deberían delegarse de la misma manera.
Una IA puede colaborar en la búsqueda de alternativas, la organización preliminar de información o la generación de retroalimentación inicial. Pero actividades relacionadas con el juicio, la interpretación, la deliberación ética, la creatividad o la construcción personal de argumentos requieren una participación humana particularmente significativa.
La cuestión relevante deja entonces de ser simplemente cuánto puede automatizarse.
La pregunta pedagógica es:
¿Qué capacidades dejaríamos de desarrollar si delegáramos completamente determinada actividad a una inteligencia artificial?
Esta pregunta permite vincular la innovación tecnológica con una reflexión más amplia sobre el sentido de la educación y con debates que EthiaLab ha abordado también al analizar el papel del pensamiento crítico frente al uso de inteligencia artificial.
La dimensión emocional de la inteligencia artificial en el aula
Una de las reflexiones surgidas durante el diálogo generado por la ponencia fue la necesidad de incorporar con mayor profundidad la dimensión emocional de la relación entre las personas y la inteligencia artificial.
La experiencia de docentes y estudiantes frente a estas tecnologías no es exclusivamente cognitiva.
También está atravesada por emociones como:
- entusiasmo;
- curiosidad;
- confianza;
- temor;
- incertidumbre;
- frustración;
- fascinación.
Estas experiencias pueden influir directamente en la confianza que las personas depositan en las respuestas generadas por IA y en su disposición a delegarle tareas relacionadas con la creatividad, el juicio, la escritura o la expresión personal.
Reconocer esta dimensión abre una nueva línea de trabajo para enriquecer las Matrices Ético-Pedagógicas del modelo MEP-IAGen y comprender de manera más amplia lo que ocurre cuando la inteligencia artificial entra en las aulas.
Una integración de la IA centrada en las personas
La participación de EthiaLab en el I Congreso Internacional de Inteligencia Artificial e Interdisciplina de la Universidad Autónoma Chapingo contribuyó a una conversación interdisciplinaria sobre el lugar que estas tecnologías comienzan a ocupar en la educación superior.
Pensar la inteligencia artificial desde una perspectiva humana y ética implica preguntarse:
¿Para qué se utiliza?
¿Qué capacidades fortalece?
¿Qué capacidades podría debilitar?
¿Qué efectos produce en estudiantes y docentes?
¿Qué tareas pueden delegarse?
¿Quién conserva el control sobre las decisiones?
¿Quién asume la responsabilidad por los resultados?
Estas preguntas son indispensables para integrar la inteligencia artificial en la educación sin perder de vista aquello que da sentido al proceso educativo: la formación de personas capaces de pensar, interpretar, crear, deliberar y asumir responsablemente sus decisiones.
En EthiaLab trabajamos en el desarrollo de modelos, metodologías y estrategias para acompañar a instituciones educativas y docentes en una integración ética, crítica y pedagógicamente pertinente de la inteligencia artificial.
